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Ángel
Manuel Rodríguez
¿Por
que no se podría resolver el problema del pecado, con todas sus
ramificaciones cósmicas, en la segunda venida de Cristo? ¿Por qué
Dios esperará hasta el fin del milenio para eliminar el pecado
del universo?
El
tema fundamental involucrado en el conflicto cósmico y el conflicto
mismo no está confinado a este planeta. De acuerdo con las Escrituras,
la solución al problema del pecado se realiza mediante etapas, por
causa de la complejidad del problema y del interés de Dios por revelar
al universo la justicia de sus decisiones y acciones. Encontramos en el
milenio un evento escatológico indispensable que dará lugar
a un reconocimiento cósmico de la justicia y el amor de Dios que
reconciliará las cosas en el cielo y en la tierra (Apoc. 20:15-21;
Col. 1:20).
1.
El milenio crea el contexto adecuado para la conclusión de la controversia.
Durante la Segunda Venida, el cosmos todavía no estará
listo para la aniquilación del pecado en el universo. La Segunda
Venida revelará que el sacrificio de Cristo no sólo salva
a los pecadores arrepentidos; también los libera del poder esclavizante
del pecado. Sin embargo, la erradicación del cosmos de un fragmento
de la creación inteligente de Dios es incuestionablemente un paso
más radical en su propósito redentor. Debe suceder en un tiempo
apropiado, en el momento en que dará lugar a la restauración
de la perfecta armonía en el universo, o shalom; o de otra
manera se podría convertir en una fragmentación más
pronunciada. El milenio provee el tiempo necesario para moverse hacia un
consenso universal que apoye la solución divina del conflicto. Las
criaturas inteligentes de Dios necesitan experimentar esta importante etapa
del drama escatológico.
2.
El milenio es un tiempo de reflexión y análisis cósmicos.
Durante el milenio, los resultados del gran conflicto serán
revisados tanto en el cielo como en la tierra. Después de la muerte
de los malvados durante la Segunda Venida (Apoc. 19:21), Satanás
y sus ángeles se hallarán prisioneros en un planeta desolado
(Apoc. 20:2, 3). Serán forzados a reflexionar con respecto a su papel
en el conflicto cósmico, al mismo tiempo que contemplan los resultados
de su rebelión. Esta introspección contribuirá a la
reconciliación del universo, indispensable para el final del conflicto.
La
reflexión en el cielo se da en el contexto del juicio a los malvados
(Apoc. 20:4; 1 Cor. 6:2, 3). Los redimidos se unirán a la corte celestial
para examinar la vida de los que persistieron en su rebelión contra
Dios. Tienen una contribución que hacer a la resolución del
problema cósmico del pecado, ya que tienen un conocimiento personal
de su poder esclavizante. Pero también experimentaron el poder redentor
de la cruz y el insondable amor de Dios. Conocen por experiencia que no
existen razones válidas que excusen la sumisión personal al
poder de Satanás. Pueden testificar todo lo que Dios ha hecho para
salvar a los pecadores arrepentidos, si ellos lo hubiesen deseado. Dios
quiere que todas las criaturas inteligentes que permanecieron leales a él
durante el gran conflicto, y que vivirán por la eternidad con él,
participen del proceso judicial (Dan. 7:10). Los miembros del reino de Dios
participarán de la decisión de erradicar del cosmos la anomalía
del pecado; el pueblo de Dios sobre la tierra es parte de ese reino y gozará
de los mismos privilegios.
3.
El milenio conduce a una adoración universal. Al
fin del milenio, la reflexión por parte de los poderes del mal en
la tierra y la reflexión en forma de proceso judicial en el cielo
llegarán a una misma conclusión. Ambos reconocerán
que las decisiones judiciales de Dios son imparciales y justas. El malvado,
Satanás, y sus ángeles comparecerán ante el trono de
Dios para recibir los resultados de su rebelión (Apoc. 20:11, 12).
Admitirán pública y voluntariamente que lucharon por la causa
equivocada, confesarán la justicia de Dios, reconocerán el
señorío de Cristo y aceptarán la sentencia divina pronunciada
contra ellos (Fil. 2:9-11; Apoc. 16:5; Apoc. 19:1, 2). Entonces, cada criatura
inteligente del universo se unirá en un canto de alabanza al amor
y la justicia de Dios. En ese momento, el universo estará listo para
ser testigo de la extinción eterna del pecado y de los pecadores
de la creación de Dios. Para poder llegar a ese punto, es indispensable
el milenio.
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