Ángel
Manuel Rodríguez
)Podría explicar
lo que significa la frase "por
nosotros lo hizo [a Jesús]
pecado" (2 Cor. 5:21)?
Tendremos que esperar al regreso de Jesús para explicar totalmente
el significado de este versículo. Pero esto no significa que este
pasaje esté totalmente más allá de nuestra comprensión.
Podemos decir algunas cosas acerca de él, aun cuando gran parte
permanece inexplicable.
1. "Al que no conoció pecado": Que
Jesús no cometió pecado alguno está indicado en
varios lugares del Nuevo Testamento (1 Juan 3:5; 1 Ped. 2:22; Heb.
4:15). Esto no significa sencillamente la ausencia de un acto de desobediencia
de su parte, sino también la ausencia de la mancha del pecado
en su persona. Su absoluto distanciamiento del pecado en cualesquiera
de sus formas y expresiones yace en el mismo fundamento del poder salvador
de su muerte. Aparte de Cristo, nadie más ha quebrado el poder
esclavizante del pecado (Rom. 3:9, 10). Permanentemente derrotó el
poder universal del pecado. Estas son las buenas noticias: aquel sobre
quien el pecado fue incapaz de reinar, ha colocado su victoria al servicio
de la raza humana, como medio de expiación.
2. "Por
nosotros lo hizo pecado": Esta
frase revela varias ideas importantes. Primero, rechaza la visión
de que el Padre estaba en contra de nosotros y que el Hijo debía
persuadir al Padre de que nos ame. Fue Dios el que tomó la iniciativa
y proveyó lo que necesitábamos; nos amó aun en
nuestra rebelión y pecado.
Segundo, somos confrontados con el misterio insondable de la expiación.
La expiación ocurre misteriosamente en el encuentro entre la santidad
y el pecado, la muerte y la vida, la pureza y la impureza. Se podría
argumentar que Cristo llegó a ser pecado al portar nuestro pecado,
asumiendo total responsabilidad por ello y experimentando su castigo.
Pero no deberíamos separar la imagen legal del hecho de que, sobre
la cruz, Cristo en verdad experimentó al absoluto abandono de
Dios.
Tercero, Cristo llegó a ser pecado
"por nosotros", en nuestro beneficio, como nuestro Sustituto. Conocemos
la carga de nuestro propio pecado sin experimentar el total abandono
de Dios. Sin embargo, nuestra culpa, insuficiencia y vergüenza es
una pesada carga sobre nuestras almas. Como nuestro Sustituto, Cristo
experimentó la culpa, la
vergüenza y la humillación de toda la raza humana enteramente
abandonada por Dios. La culpa y la ignominia del pecado fueron acumuladas
sobre él hasta que lo aplastaron, mientras él gemía
bajo su peso (Heb. 5:7).
Nota que él no llegó a ser
un pecador, sino pecado. El pecado de la raza humana fue acreditado a él
no de una manera impersonal, sino en la realidad. El que no tuvo pecado,
fue tratado como si hubiera cometido el pecado de cada ser humano que
haya vivido alguna vez o vivirá en este mundo de pecado y muerte. Él
"nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición" (Gál. 3:13). La maldición
que estaba sobre nosotros fue cargada en su persona, y a través
de su muerte consumió su poder condenador en favor de los que
creen. Él
"se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos" (2 Cor. 8:9). Las palabras "su pobreza" se refieren al
hecho de que llegó a ser maldición por nosotros, y nuestro
pecado y su culpabilidad fueron transferidos de nosotros a él
como nuestro Sustituto. Jesús tomó nuestra pobreza sobre
sí con el fin de poder enriquecernos.
3. "Para
que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él": Aquí se
revela el propósito de la maravillosa muerte sacrificial de Cristo.
Tomó lo que era nuestro -nuestro pecado- y nos dio lo que no teníamos:
la justicia de Dios. Este don está únicamente disponible para
los que están en Cristo; aquellos que existen en una relación
de fe con él como el Hijo de Dios.
La frase "justicia de Dios" podría
designar la justicia que el Señor imparte sobre nosotros por medio
de la santificación.
O podría significar la justicia que tenemos ante Dios, la justicia
imputada que Dios nos acredita por fe en Cristo. Esta última interpretación
parece la más apropiada en el contexto. Cristo tomó lo
que no era suyo, nuestro pecado. Ahora, en él participamos de
lo que no era nuestro: el don de la justificación por la fe. Dios
hizo en Cristo y a través de Cristo lo inimaginable: lo hizo pecado.
Por causa de todo esto, somos aceptados en el Amado.